Cabrera explicó que la organización desarrolla tareas comunitarias desde hace más de seis años, con el objetivo de garantizar un plato de comida a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, aseguró que la reducción de los recursos disponibles obligó a disminuir la frecuencia de las entregas.
“Antes que entrara este gobierno estábamos asistiendo cuatro días por semana, más o menos. Pero ahora llegamos a dos veces por semana, con suerte”, señaló.
Según detalló, actualmente preparan entre 320 y 325 viandas por jornada, que son distribuidas de acuerdo con la cantidad de integrantes de cada grupo familiar. Además, los jueves entregan meriendas destinadas principalmente a niños que concurren a la Escuela Primaria Nº 9 y a otros establecimientos de la zona.
La asistencia alcanza a vecinos de los barrios San Martín, Güemes, Sapito, Alborada, Hipólito Yrigoyen y Pueblo Nuevo, entre otros sectores de la ciudad. Incluso, algunas personas recorren distancias considerables en bicicleta para retirar los alimentos.
“Hay mucha necesidad, y sinceramente no estamos llegando”, manifestó Cabrera, quien reconoció que en ocasiones utiliza recursos provenientes de su propio trabajo para intentar responder a las necesidades más urgentes.
Jubilados y trabajadores entre quienes solicitan ayuda
Uno de los aspectos que más preocupa al referente social es el incremento de jubilados que se acercan a solicitar alimentos, una situación que, según afirmó, comenzó a hacerse más evidente durante los últimos meses.
“Últimamente, muchos jubilados han venido. La verdad, se me parte el alma porque son solitos”, expresó.
Cabrera también mencionó el caso de una mujer que se presentó recientemente en el espacio comunitario porque no tenía alimentos en su vivienda. Aseguró que situaciones similares se repiten entre personas que anteriormente no habían necesitado recurrir a la asistencia social.
En ese sentido, indicó que también reciben a madres solteras, jóvenes que perdieron sus empleos y trabajadores cuyos ingresos resultan insuficientes para cubrir los gastos familiares.
“Hay muchas familias que han estado bien y me vienen a buscar para que les dé un plato de comida porque no llegan con la plata, porque o comen o pagan las cuentas”, sostuvo.
Asimismo, explicó que la inestabilidad laboral afecta especialmente a quienes realizan tareas rurales temporarias, como la cosecha de papa, debido a que las condiciones climáticas pueden impedirles trabajar durante varios días y reducir considerablemente sus ingresos.
Familias sin electricidad y dificultades para acceder a medicamentos
Durante la entrevista, Cabrera también alertó sobre las dificultades que enfrentan algunas familias para pagar los servicios esenciales.
Según relató, existen hogares que se quedaron sin suministro eléctrico por la imposibilidad de afrontar las facturas y que actualmente deben recurrir a velas, faroles o a la colaboración de vecinos.
“Hay varias familias que, sinceramente, ya no tienen luz. Se están alumbrando a la antigua con una vela o con un farol”, afirmó.
El referente social aseguró que algunas de las personas asistidas recibieron importantes incrementos en sus facturas de electricidad, lo que agravó su situación económica.
También expresó su preocupación por los jubilados que encuentran dificultades para acceder a medicamentos y pañales. En particular, señaló que algunas personas denuncian demoras en las entregas correspondientes a las prestaciones de PAMI, lo que las obliga a buscar ayuda o afrontar gastos que no pueden sostener.
La vergüenza de pedir ayuda y las condiciones de vivienda
Otro de los momentos de la entrevista estuvo relacionado con el impacto emocional que provoca la necesidad de recurrir a un comedor comunitario.
“La gente tiene vergüenza. La gente se siente humillada porque cuando viene a pedirte algo no te mira a la cara”, expresó Cabrera.
Según explicó, muchas de las personas que actualmente solicitan asistencia nunca habían atravesado una situación semejante, por lo que acercarse a pedir alimentos representa una experiencia especialmente difícil.
El dirigente también cuestionó los prejuicios hacia quienes reciben ayuda social y sostuvo que existen trabajadores dispuestos a realizar distintas tareas, pero que muchas veces se encuentran con remuneraciones insuficientes.
En otro tramo de la conversación, describió las condiciones habitacionales de familias que residen en sectores periféricos de Balcarce, donde, según indicó, todavía existen viviendas precarias, problemas de anegamiento y falta de infraestructura básica.
“Vengan a caminar acá atrás y ahí se van a dar cuenta de lo que es la necesidad”, planteó, al invitar a conocer personalmente la realidad de esos barrios.
La relación con Desarrollo Social y la asistencia del Estado
Consultado sobre el acompañamiento de los distintos niveles del Estado, Cabrera explicó que anteriormente la organización recibía mercadería del Gobierno nacional y que actualmente cuenta con cierta colaboración de la Provincia de Buenos Aires, aunque consideró que resulta insuficiente frente al aumento de la demanda.
Respecto del Municipio, destacó especialmente el acompañamiento de la Secretaría de Desarrollo Social, a cargo de Paola Moreno, en la provisión de leche para las meriendas infantiles.
“Lo que es la leche, siempre nos dio Desarrollo Social”, reconoció.
Además, señaló que mantiene comunicación directa con la funcionaria para derivar situaciones de familias que necesitan asistencia.
“Con Paola nos ayudamos mutuamente. Cada vez que yo mando a una familia o algo, la mando a hablar con ella y enseguida la atiende y trata de solucionar el problemita”, explicó.
No obstante, insistió en que la magnitud de las necesidades supera las posibilidades de respuesta de las organizaciones comunitarias y de las distintas áreas de asistencia.
Un pedido urgente para sostener la entrega de alimentos
Hacia el cierre de la entrevista, Cabrera realizó un llamado a la solidaridad de comerciantes, empresarios y vecinos de Balcarce para garantizar la continuidad del trabajo que desarrolla Somos Barrios de Pie.
Explicó que la organización recibe verduras del Banco de Alimentos mediante el pago de una cuota mensual de aproximadamente 70.000 a 80.000 pesos, pero actualmente mantiene una deuda equivalente a dos meses.
Según advirtió, la falta de pago podría comprometer la continuidad de esa colaboración, que resulta fundamental para el funcionamiento de los dos comedores y el merendero que sostiene la organización.
“Estoy recontra atrasado con esa cuota del Banco de Alimentos y en cualquier momento nos van a dejar de asistir”, manifestó.
Por ese motivo, pidió especialmente la colaboración de alguna empresa o particular que pueda asumir el compromiso de cubrir ese gasto mensual y garantizar la recepción de alimentos.
También invitó a quienes deseen colaborar comunicarse al 2266-510844 a acercarse al espacio comunitario, ubicado en calle 3, entre 30 y avenida Suipacha (32), para conocer personalmente cómo se preparan y distribuyen las comidas.
Finalmente, Cabrera reafirmó su compromiso con las familias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y aseguró que continuará trabajando para acompañarlas.
“Quédense tranquilos que lo que se está ayudando va a ser entregado al que más necesita”, expresó.
La entrevista dejó al descubierto, desde la mirada de una organización que trabaja diariamente en los barrios, una realidad marcada por el crecimiento de las necesidades alimentarias, las dificultades laborales y la preocupación por las condiciones de vida de numerosos vecinos de Balcarce.
