Sin producción industrial ni apoyo técnico especializado, el proyecto nació en un taller familiar y fue creciendo con el paso de los días. Inicialmente pensado como un modelo a escala realizado en fibra de vidrio, el trabajo fue tomando una dimensión inesperada. Durante tres meses y medio, Enzo dedicó jornadas completas a dar forma a un vehículo que terminó superando cualquier expectativa.
El resultado final es un auto funcional equipado con un motor de 110 centímetros cúbicos perteneciente a un cuatriciclo. Cada detalle fue cuidadosamente trabajado, desde la estructura hasta la pintura roja característica de la escudería de Maranello, logrando una estética que remite inmediatamente al universo Ferrari.El diseño no fue casual. El creador buscó rendir homenaje a la historia del automovilismo y, en particular, a una de las figuras más emblemáticas del deporte motor argentino. El vehículo lleva una placa con el año 1929, en alusión a la primera Ferrari utilizada por Juan Manuel Fangio, ícono nacido en Balcarce y referente mundial de la Fórmula 1.
Más allá de las diferencias técnicas con el modelo original, la creación de Enzo Di Lallo destaca por su valor emocional. “El esfuerzo valió la pena al ver la cara de mi nieto”, habría expresado el abuelo, sintetizando el espíritu de un proyecto que trasciende lo material para convertirse en un legado afectivo.La historia no tardó en ganar repercusión en la comunidad de Campana. La obra artesanal llegó incluso al centro comercial de la ciudad, donde Daniel Rutilo, propietario del local deportivo “Punta del Diablo”, ubicado en avenida Rocca 164, decidió exhibir el vehículo en su vidriera.
Durante todo un mes, vecinos y fanáticos del automovilismo podrán acercarse a conocer de cerca esta singular creación, que combina pasión, memoria y dedicación. En una tierra ligada históricamente al mundo del motor, esta Ferrari artesanal se convierte en símbolo de que los sueños, cuando se construyen con amor, también pueden ponerse en marcha.


