Sin embargo, la elección del 27 de junio no es arbitraria: aquel día de 1806, las autoridades del Virreinato del Río de la Plata, en un intento por actuar de buena fe y tender puentes de diálogo, terminaron entregando Buenos Aires a las tropas británicas.
La historia detrás de la palabra “boludo”
El origen del término “boludo” también tiene su historia. Durante la guerra de independencia, los criollos más habilidosos se ubicaban en la primera fila de batalla y manejaban con destreza piedras atadas con tiento, conocidas como boleadoras. Sin armas de fuego, usaban esas “pelotas” para derribar los caballos de los realistas, un acto de valentía que merecía respeto.
Con el correr de los años, la palabra fue mutando y perdió su sentido original. De designar a un guerrero audaz pasó a ser sinónimo de “tonto” o “ingenuo”. La frase “no seas boludo” se convirtió en un consejo para evitar exponerse innecesariamente o confiar de más, reflejando una evolución lingüística que muestra cómo las palabras se transforman con la sociedad y adquieren nuevos matices con el tiempo.
