El dato marca un cambio histórico en la composición del consumo de carnes en el país. La diferencia entre ambos productos fue de apenas 300 gramos por persona, pero representa una modificación significativa para un mercado en el que la carne vacuna ocupó tradicionalmente el primer lugar.
El avance del pollo se explica por una combinación de cambios en los hábitos de consumo y diferencias de precios. El aumento del valor de los cortes vacunos llevó a muchas familias a buscar alternativas más económicas para mantener el consumo de proteínas.
Durante los doce meses analizados, un kilo de carne vacuna equivalió al precio de 3,6 kilos de pollo entero o de 1,9 kilos de pechito de cerdo, según el informe.
Por qué cayó el consumo de carne vacuna
El informe, elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, señala que el cambio no se produjo principalmente por un fuerte aumento del consumo de pollo, sino por la caída de la ingesta de carne vacuna.
En agosto de 2026, el precio al consumidor de una canasta de 18 cortes vacunos promedió $17.871 por kilo. Si se descuenta el efecto de la inflación, el valor fue 10,1% menor al máximo registrado en marzo, aunque todavía se ubicó 13,3% por encima de agosto de 2025 y 30,3% sobre el promedio de las últimas dos décadas para ese mes.
De acuerdo con el trabajo, agosto de 2026 fue además el agosto más caro de los últimos 21 años en términos reales.
Los especialistas vincularon la suba de precios con un escenario de menor oferta de hacienda en el mercado interno. La producción de carne vacuna cayó de 69 a 64,6 kilos por habitante, una baja del 6,4%, mientras que las exportaciones aumentaron de 18,6 a 19,4 kilos por habitante.
Las importaciones también crecieron: pasaron de 0,3 a 0,9 kilos por habitante, lo que representó un incremento del 172,1%. Sin embargo, ese volumen todavía representa menos del 1,5% de la producción y solo compensó parcialmente la menor oferta local.
Como consecuencia, entre septiembre de 2025 y agosto de 2026, la oferta interna de carne vacuna quedó en 46,2 kilos por habitante, el nivel más bajo de toda la serie 1990-2026.
Ese registro significó una caída del 9% interanual, equivalente a 4,6 kilos menos por habitante.
El cerdo también gana lugar en la mesa
El cambio en los hábitos de consumo no se limita al pollo. La carne de cerdo también continúa ganando espacio y alcanzó 20,1 kilos por habitante en los últimos doce meses analizados.
A su vez, las estimaciones del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA) ubicaron el consumo de pollo en 49,4 kilos por habitante al año en julio, por encima de la carne vacuna.
Los números muestran así una transformación en el consumo de carnes en Argentina: mientras el pollo ganó participación como una alternativa de menor precio, la carne vacuna perdió terreno en un contexto de valores elevados y menor disponibilidad en el mercado interno.
