La víctima es una trabajadora que depende exclusivamente de ese medio de transporte para cumplir con sus tareas diarias. No se trata de un dato menor: detrás de cada robo no solo hay un objeto que falta, sino también una rutina que se ve alterada, un esfuerzo que se pierde y una necesidad urgente que queda al descubierto.
La familia solicita la colaboración de la comunidad. Cualquier información, por mínima que parezca, puede resultar clave para lograr la recuperación de la bicicleta.
En tanto, la preocupación va en aumento, ya que estos hechos dejan de percibirse como casos aislados y evidencian una modalidad delictiva que encuentra en las bicicletas un blanco cada vez más frecuente.
