La organización institucional de esta colectividad comenzó el 6 de octubre de 1923 con la creación de la Sociedad Otomana de Socorros Mutuos. Su nombre respondía a una realidad histórica: gran parte de los inmigrantes procedentes de Siria, Líbano y otros territorios árabes arribaban a la Argentina con documentación emitida por el entonces Imperio Otomano, razón por la cual popularmente fueron conocidos como “turcos”, aunque su origen y su identidad cultural eran árabes.
La institución nació con una veintena de socios y, apenas tres años después, ya reunía a cerca de 90 integrantes, reflejo del crecimiento de una colectividad que rápidamente echó raíces en Balcarce. Su primer presidente fue Jalil Gader, acompañado por una comisión directiva integrada por referentes de numerosas familias que marcarían el desarrollo de la entidad durante las décadas siguientes.Desde sus inicios, los inmigrantes árabes se destacaron por su espíritu emprendedor. El comercio fue una de las actividades en las que alcanzaron mayor protagonismo, aunque también participaron activamente en las tareas rurales y agrícolas.
Con sacrificio, perseverancia y una fuerte cultura del trabajo lograron consolidarse como una comunidad respetada, plenamente integrada a la vida social, económica e institucional de Balcarce.
La evolución de la institución acompañó los cambios históricos del mundo árabe. En 1929 pasó a denominarse Sociedad Árabe Siria; en 1942 adoptó el nombre de Sociedad Sirio Libanesa; cinco años más tarde se transformó en Centro Sirio Árabe y, en 1952, una nueva asamblea resolvió denominarla Sociedad Unión Árabe de Socorros Mutuos.
Ese mismo año se concretó uno de los mayores anhelos de la colectividad: la compra del inmueble ubicado en calle 16, entre 9 y 11, que desde entonces se convirtió en su sede social y en un espacio de encuentro para varias generaciones de descendientes árabes.
Finalmente, el 10 de enero de 1981, tras la remodelación integral del edificio y con el reconocimiento de la Personería Jurídica otorgada por la Provincia de Buenos Aires, la institución adoptó el nombre que mantiene hasta la actualidad: Unión Árabe de Balcarce.
A lo largo de más de un siglo de presencia en la ciudad, la entidad ha preservado las tradiciones, costumbres y expresiones culturales de sus pueblos de origen, al tiempo que fortaleció los vínculos con toda la comunidad balcarceña mediante actividades sociales, culturales e institucionales.Un viaje marcado por el sacrificio
El libro Los árabes en Balcarce, escrito por Manuel Iarrar, reúne valiosos testimonios sobre la llegada de estos inmigrantes al país. La obra recuerda que la mayoría no emigró por elección, sino impulsada por las guerras, las persecuciones y la pérdida de sus bienes y libertades.
Muchos debieron reunir, con la ayuda de familiares y amigos, el dinero necesario para costear el pasaje. Otros abandonaron su tierra con identidades modificadas para sortear los controles políticos de la época. Incluso, al arribar a la Argentina, numerosos nombres fueron castellanizados, una práctica habitual en las oficinas de inmigración.
La mayoría llegó con escasos recursos materiales, pero encontró en la solidaridad de quienes ya se habían establecido en el país el respaldo necesario para comenzar una nueva vida. Ese espíritu de ayuda mutua, sumado a una profunda vocación de trabajo, permitió que numerosas familias echaran raíces en Balcarce y se integraran plenamente a la comunidad.
Un legado que perdura
En el marco del 150° aniversario de la fundación de Balcarce, resulta oportuno reconocer el valioso aporte de la comunidad árabe, cuya historia forma parte del patrimonio colectivo de la ciudad.
Su legado trasciende las instituciones y los edificios. Vive en las familias que eligieron esta tierra para construir su futuro, en los comercios que impulsaron el desarrollo local, en las tradiciones que lograron preservar y en los valores de esfuerzo, solidaridad e integración que transmitieron de generación en generación. Su historia es, sin dudas, una parte esencial de la identidad balcarceña.



