A lo largo de la charla, Briz habló de sus comienzos, de la importancia que tuvieron los artistas locales en su formación y del vínculo especial que mantiene con el público desde hace años.
Los primeros recuerdos con el chamamé
“De que tengo uso de razón siempre me gustó el acordeón y el chamamé”, expresó Briz al recordar su infancia, aunque aclaró que en su casa no era habitual escuchar música litoraleña.
“En mi familia no se escuchaba chamamé. Lo que sí estaba siempre prendida era Radio Balcarce. Desde que nos levantábamos hasta que nos acostábamos estaba la radio y ahí se escuchaba mucho folclore y conjuntos locales”, señaló.
El músico contó que siendo muy chico comenzó a interesarse por el sonido del acordeón y recordó un episodio muy especial ocurrido en la casa de su abuelo. “Encontré un cassette de Los Haete del Chamamé guardado en un sillón y me llamó muchísimo la atención verlos vestidos de gaucho, con sombreros. Me acuerdo perfectamente de ese momento”, relató.
Briz explicó que esa admiración por los conjuntos chamameceros locales fue lo que lo llevó a querer aprender música. “Me llamaban la atención los conjuntos de Balcarce y por eso quise aprender acordeón”, afirmó.
El aprendizaje y las primeras clases
El artista recordó que comenzó a estudiar acordeón a los siete años con la profesora Nelly Picabea y explicó que las primeras clases no eran precisamente lo que él esperaba. “Yo tenía unas ganas bárbaras de agarrar el acordeón y las primeras clases eran teoría y solfeo. Recién después de varias clases me dejaron empezar a practicar”, comentó.
También señaló que aprendió distintos estilos musicales antes de dedicarse de lleno al chamamé. “Primero tocaba típica, tango, ranchera, paso doble, milonga y hasta marchas militares. Después me volqué más al chamamé porque era lo que realmente me gustaba”, expresó.
En ese sentido, recordó especialmente a Pascual Chiveta, quien lo alentó en sus comienzos. “Pascualito siempre le decía a mi profesora: ‘Este va a ser bueno para el chamamé’. Él me enseñó temas como ‘Merceditas’ y ‘Recordando al Maestro’”, contó.
Briz también reconoció que muchas veces aprendía más “de oído” que leyendo partituras. “Yo era muy orejero. Me gustaba más sacar los temas escuchándolos que leyendo música”, dijo.
Los escenarios y las primeras actuaciones
Durante la entrevista, el acordeonista recordó cuál fue la primera vez que subió a un escenario. “La primera vez que toqué solo fue en la Biblioteca Pizurno. Tendría nueve o diez años y sabía apenas cuatro o cinco temas”, relató.
Luego llegó la primera experiencia acompañado por otros músicos. “La primera vez que subí con guitarra fue con Roberto Chazarreta en el Club Güemes. Él me acompañó sin conocerme prácticamente y salió todo natural”, recordó.
Con el paso del tiempo comenzó a participar en festivales, peñas y encuentros populares de la ciudad. “Me hacía llevar a todos los eventos chamameceros. Bajo el Cielo Argentino era un clásico y yo quedaba embobado mirando los conjuntos arriba del escenario”, comentó.
También destacó la prolijidad que tenían muchos grupos de la época y aseguró que eso lo marcó profundamente. “Ver al conjunto de Félix Marzano con esas bombachas tableadas, todos prolijos arriba del escenario, me llamaba muchísimo la atención”, señaló.
“La imagen es todo”
En uno de los tramos más destacados de la entrevista, Briz habló sobre la importancia de la presencia de los artistas frente al público. “Siempre digo que ante el público uno tiene que ser muy respetuoso y presentarse más que bien. La imagen es todo”, afirmó.
Además, sostuvo que esa forma de trabajar la aprendió observando a los músicos históricos de Balcarce. “Muchos conjuntos eran impecables arriba del escenario y eso a mí me quedó marcado”, agregó.
La familia y el sacrificio de la música
Briz también reflexionó sobre las exigencias de la vida artística y la importancia del acompañamiento familiar. “Si no tenés el apoyo de la familia es muy difícil. En mi caso jamás tuve problemas por salir a tocar”, expresó.
Recordó además una anécdota ocurrida cuando su esposa estaba embarazada de su hija mayor. “Nos fuimos un fin de semana entero a tocar y ella estaba a días de tener familia. Son muchas las cosas que uno se pierde por la música”, dijo.
Y agregó: “Te perdés cumpleaños, casamientos y momentos que no vuelven más”.
Una escapada para ir a tocar
Entre las historias más llamativas que compartió durante la entrevista, Briz recordó una “escapada” cuando tenía apenas 13 o 14 años para ir a tocar junto a Antonio Lantaño.
“Me fui escondido a Ayacucho porque Antonio Lantaño me fue a buscar al trabajo y necesitaba que lo acompañara”, contó.
Según explicó, tuvo que inventar una excusa en su casa para poder viajar. “Dije que me quedaba a dormir en otro lado y terminé yéndome a tocar. Las ganas de estar arriba del escenario podían más que cualquier cosa”, recordó entre risas.
El valor del público
A lo largo de la charla, Briz destacó permanentemente el cariño de la gente y aseguró sentirse agradecido por el acompañamiento constante que recibe. “Es una caricia al alma que la gente te acompañe tanto”, expresó.
Además, recordó con emoción dos situaciones muy especiales relacionadas con oyentes y seguidoras de su música. “Dos personas me pidieron que fuera a despedirlas tocando chamamé el día que fallecieran. Y tuve que cumplir”, relató.
Uno de esos pedidos estuvo relacionado con el tema “La pena del acordeonista”. “Fue muy fuerte para mí, me dio un escalofrío cuando me lo pidió”, confesó.
La evolución de la tecnología y la radio
Briz también habló de los cambios tecnológicos y cómo evolucionó la forma de difundir la música. “Pasamos del cassette y el walkman a las computadoras y el streaming”, señaló.
Recordó además que lleva más de 20 años realizando programas radiales dedicados a la música del litoral. “Arranqué en 2005 y siempre traté de hacer algo distinto, no solamente pasar música”, explicó.
Según comentó, siempre le interesó investigar la historia del chamamé y de sus principales referentes. “Me gustaba estudiar de dónde nacían los temas, por qué Tarragó Ros era el Rey del Chamamé o por qué Ernesto Montiel era el Señor del Acordeón”, detalló.
Defensa de la música local
Sobre el cierre de la entrevista, Briz destacó la cantidad de artistas que tiene Balcarce y remarcó la necesidad de seguir apoyando a los músicos locales. “Tenemos muy buenos valores, tanto jóvenes como artistas con mucha trayectoria”, aseguró.
Y concluyó: “Siempre fui muy defensor de lo nuestro y de darle difusión a los músicos de Balcarce”.
