La visita no fue con las manos vacías. Como carta de presentación, Javier llegó con productos elaborados por el emprendimiento: garrapiñadas y el clásico pochoclo de miel que identifica a la marca. Entre degustaciones y anécdotas comenzó a reconstruirse una historia que, según contó, tiene más de cuatro décadas.
“El pochoclo no lo inventamos nosotros y tampoco la receta. Es una preparación familiar que tiene más de 40 años y que llegó desde el sur. Un viejo pochoclero se la enseñó a familiares míos y después fue pasando de generación en generación”, recordó.
Aunque hoy muchos asocian el producto directamente con él, explicó que el origen en Balcarce está ligado a su padre, quien durante años vendió los tradicionales pochoclos en la ciudad.
“Mi viejo trajo el pochoclo de miel a Balcarce hace muchos años. Estuvo instalado durante mucho tiempo y después, por cuestiones laborales, se fue a vivir a Necochea y el emprendimiento quedó parado”, relató.
Pasaron varios años hasta que Javier decidió volver a darle vida al proyecto. “Yo siempre tuve presente cómo se hacía. Lo veía desde chico y me quedó grabado. Un día dije: vamos a traer de vuelta el emprendimiento familiar”, contó.
Para concretarlo hubo que empezar desde cero: comprar carro, equipamiento, cartelería y buscar una nueva ubicación. Finalmente eligieron instalarse frente a Plaza Libertad, donde hoy funcionan de manera habitual.
La respuesta del público fue inmediata. “Cuando la gente vio el cartel empezó a acercarse. Muchos decían: ‘Volvieron los pochoclos de miel’. Había personas que ya conocían el producto de antes y otras que lo probaron por primera vez”, recordó.
Una receta que mantiene el misterio
Uno de los momentos más llamativos de la entrevista llegó cuando habló del producto estrella y de las preguntas que recibe constantemente.
Según explicó, mucha gente cree que simplemente se trata de agregar miel al pochoclo una vez terminado el proceso, pero aclaró que detrás existe una elaboración específica que mantiene en reserva. “Si vos le tirás miel arriba del pochoclo te queda un engrudo. Esto tiene una preparación especial que se hace durante el proceso para que absorba el sabor y quede crocante”, explicó.
Incluso recordó una experiencia que vivió durante la temporada con visitantes de San Martín de los Andes que llevaban años trabajando en el rubro. “Compraron una porción chica para probar y después volvieron por una grande. Me preguntaron cómo hacía para ponerle la miel. Ahí les expliqué que tiene una técnica, pero la receta no se cuenta”, dijo entre risas.
Mucho más que pochoclos
Aunque el producto insignia sigue siendo el pochoclo de miel, Javier destacó que el emprendimiento fue creciendo y hoy ofrece una amplia variedad de opciones.
En el carro también se pueden encontrar garrapiñadas artesanales, manzanas caramelizadas, algodón de azúcar, maíz inflado, golosinas, juguetes y propuestas pensadas especialmente para los más chicos.
Parte importante del trabajo también lleva el sello familiar. “Todo lo que es garrapiñada y praliné lo hace mi señora. Tiene una mano espectacular para eso y la verdad que la gente lo destaca mucho”, contó.
Además, señaló que muchos de sus productos son elaborados sin TACC para que puedan ser consumidos por personas celíacas.
El valor de estar todos los días
Rosa explicó que detrás del carro hay mucho más trabajo del que se ve. Mientras las garrapiñadas se elaboran previamente en casa, el pochoclo se prepara siempre en el momento para garantizar calidad.
“El pochoclo tiene que salir caliente y crocante. Si no está así, para mí no sirve. Es lo primero que nota el cliente”, afirmó.
Además del trabajo diario en el centro, también cuentan con otro carro destinado a eventos. Cumpleaños, casamientos, fiestas populares y celebraciones regionales forman parte del recorrido reciente del emprendimiento.
Entre las experiencias más destacadas mencionó participaciones en la Fiesta del Trigo de Tres Arroyos, eventos en Otamendi y celebraciones en San Manuel. “Las fiestas son algo que disfrutamos mucho porque se convierte en un trabajo familiar. Ahí terminamos participando todos”, aseguró.
Un proyecto sostenido por la familia
Durante la entrevista destacó especialmente el acompañamiento que recibe. Contó que tanto sus padres como su esposa, su suegra y sus hijos colaboran cada vez que el trabajo lo requiere.
“En las fiestas grandes terminamos todos ayudando. Uno abre bolsas, otro atiende, otro prepara cosas. Eso hace que también sea un proyecto familiar”, expresó.
Aunque reconoció que sus hijos todavía no muestran demasiado interés por continuar el oficio, no pierde la esperanza. “No los obligo. Si algún día les nace, ahí estará la receta”, comentó.
Lo que viene
Sobre el cierre dejó una novedad que despertó expectativa: próximamente incorporarán cubanitos artesanales con distintos rellenos y adelantó que también habrá nuevas variedades vinculadas al pochoclo.
Finalmente, dejó una invitación para quienes todavía no conocen el producto. “Al que nunca lo probó le digo que pase, que lo pruebe y saque sus conclusiones. El pochoclo de miel realmente marca la diferencia”.
ALF funciona de martes a domingo —si las condiciones climáticas acompañan— frente a Plaza Libertad, donde el tradicional carro ya volvió a convertirse en una parada obligada para vecinos y visitantes.
